Si de pronto me olvidas,
no me busques que ya te habré olvidado
Forat era un joven especial, no solo por su capacidad de convocar llamas y espadas aparentemente de la nada, si no por su condición ante los ojos del mundo.
Nadie podía verle, nadie excepto Deelan. Ella era especial, sus ojos emanaban la magia necesaria para ver lo que otros omitían, los secretos ocultos del universo. Era esta misma habilidad la que atraía a los hurnaes, las feroces bestias que le habían acechado los pasados días.
Apesar de ser su salvador, Deelan no confiaba en Forat para nada, un hombre invisible no podía ser signo positivo. Ella se sentía incómoda cerca de él, con una perpetua sensación de locura inminente ¿Acaso era real lo que veía? Tal vez estaba desmayada y pronto despertaría nuevamente en aquella enfermería universitaria.
Fuera lo que fuera decidió aprovecharlo. Ahora que lo miraba de cerca, el joven parecía menos amenazador que en sus previas apariciones, con su tez sutilmente morena y con cabello oscuro, puntiagudo y desordenado. Un par de ojos miel atenuaban la enorme cicatriz que atravesaba su ojo derecho. Aunque era delgado su estatura era superior a la de Deelan, el hombre no era un Dios encarnado pero existía algo, un aura que le rodeaba que lo volvía atractivo.
--Los hurnaes son bestias como yo, inexistentes y necias. Se han alimentado de ti durante algunas semanas, tal vez te has sentido cansada o debilitada. -- Forat dijo
Deelan en efecto se había sentido débil durante los meses pasados, aunque ella callaba su cansancio con el fin de dar un buen ejemplo a sus equipos de basquetbol y porras. Quién sabe con exactitud el tiempo en que estas bestias le habían robado su preciada fuerza vital pero gracias a este inesperado héroe es que estaba segura en estos momentos.
Una duda asaltó a la ojiverde -- ¿Cómo sé que no eres tú un monstruo también y que no te alimentas de mí como las bestias que mencionas?
Forat se levantó de la banca donde se encontraban sentados y con toda seguridad exclamó --Yo soy en efecto del mismo origen que los hurnaes pero al contrario de ellos, yo conservo mi conciencia, no soy presa del instinto bestial y primitivo que rige a estas bestias-- y entonces dio unos cuantos pasos adelante y mientras convocaba su espada con vistosos movimientos entre llamas que brotaban de su cuerpo completó su frase con una sonrisa --Además, soy un héroe.
Una risita se formó en los labios de Deelan y con una rapidez asombrosa se convirtió en una gran carcajada. Forat había expresado su frase con la ingenuidad y sinceridad de un pequeño niño, convenciendo a la ojiverde de sus buenas intenciones. Forat se sonrojó ante la risa de Deelan pero al final fue contagiado.
Mientras la noche se apoderaba del cielo, ambos jóvenes caminaban con tanta familiaridad como si de una vieja amistad se tratase. Poco sabía ella que sus memorias fallarían.
Pronto, los dos muchachos se hallaron perdidos. Deelan no podía recordar el camino a casa, no podía recordar siquiera donde vivía. Su mente tenía agujeros donde las memorias solían existir.
¿Quién era su familia? ¿Quiénes eran sus amigos? ¿Dónde había quedado su pasado? Nada, no podía recordar nada sobre sí misma. Buscó en la web la única pista que tenía, su nombre, Aldeeran Batch. Encontró su perfil de red social, sus blogs y videos, sus premios universitarios, sus cuentas de correo electrónico, su vida. No reconoció nada.
Una mujer adulta caminaba por la acera. Caminó por un lado de Deelan, sin mirarla ni siquiera de reojo, la ojiverde tampoco le prestó atención. Una vez que la señora había dado vuelta a la esquina, Deelan se inquietó. Miró rápidamente las fotos de su red social. La señora adulta que había caminado a un lado, la misma que no le prestó atención a Deelan, era su madre.
Ni ella ni su madre se reconocieron entre sí. Deelan entristeció, dejó escapar una lagrima de sus ojos verdes y contuvo las demás. Con una sonrisa obligada volteó y tomando del brazo a Forat caminaron en dirección opuesta a la de su madre.
Fue un capítulo muy ameno ;)
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