Sovereign
--Inexistente, ahora eres una inexistente-- Forat comentó a Deelan -- Esa es la razón por la que nadie te ve, nadie te escucha y nadie te recuerda.
-- ¿Pero por qué yo no recuerdo mi pasado? -- preguntó la ojiverde.
-- Como inexistentes tenemos algunas peculiaridades. Nuestra cuerpo se aferra a este mundo, aún sin un alma, con tan solo el poder de nuestra mente pero claro no es capaz de conservar nuestras memorias. Lo único que retenemos es aquel sentimiento que nos obligó a permanecer en esta vida.
Deelan miró al suelo y soltó un triste suspiro. No sabía cómo se convirtió en una inexistente, ni siquiera sabía el motivo por el cual seguía en la tierra. Era más que evidente que se encontraba confundida y desmotivada. Forat, siendo un héroe intentó apoyar a la chica, en un puño tomó unas rocas y comenzó a lanzarlas una a una en el lago donde se encontraban.
-- "Infinito es en misterio el deseo de la Diosa, anhelamos con devoción el don de la vida y rehuimos al destino inevitable que se nos ha impuesto, el alma errante no conoce descanso."-- Forat exclamó
Con una pequeña sonrisa Deelan reconoció el extracto del poema que recitaba Forat, de alguna forma le animó. Sabía que las bellas palabras escritas por Genesis hablaban sobre el hombre y su destino, sobre la ignorancia que tenemos sobre el mismo. La ojiverde se sintió un poco menos perdida.
A lo lejos se escucharon unas risas, no de las amables que se comparten entre amigos sino de las hirientes que solo nuestros enemigos disfrutan. Deelan y Forat corrieron al origen del sonido, encontraron una niña llorando cerca de una árbol, enfrente un grupo de niños, no mayores a 13 años, todos señalando y burlándose de la pobre e indefensa señorita.
Deelan intentó aplacar las burlas de los niños pero nadie le escuchó. Terminaron por marcharse por su cuenta una vez que se habían aburrido de burlase de la niña. La ojiverde se sintió impotente, no había podido ayudar a la pequeña mujercita, una vez más su nueva condición la hacía a un lado, la volvía invisible.
--Los niños jamás paran, ni siquiera si los adultos se lo piden pero muchas gracias de todos modos señorita. -- La pequeña niña entre sollozos dijo a Deelan.
-- ¿Acaso puedes verme? ¿Tú puedes verme y escucharme? -- La ojiverde preguntó con mucha incredulidad
-- Por supuesto señorita. Es usted muy bella para no ser notada.Y con esa rubia cabellera me causa tanta envidia.
Deelan se alegró de sobremanera. Alguien en este mundo podía verle, alguien que no era inexistente como ella. Después recordó algunas explicaciones de Forat sobre las personas con suficiente magia para notar lo que parecía oculto.
--¿Por qué te molestaban pequeña? -- Forat preguntó a la niña
--Siempre es igual, sabe señor, no soy una persona común. Nací de manera natural sin ningún tratamiento genético; soy una imperfecta. Por eso los chicos me molestan, por que mi cabello y mis ojos me delatan; solo por que no soy como los demás.
En efecto, el cabello de la niña, color marrón oscuro, no poseía el brillo característico del grueso de la población, sus ojos negros eran muy raros en una sociedad donde colores como el morado y el azul eran los dominantes.
La niña era diferente, Deelan ya lo sabía pues podía verla a ella y a Forat, sin embargo esto no alegraba a la jovencita. Durante toda su vida había recibido agresiones de las personas que conocía, le trataban como si fuera un objeto de diversión, como si no tuviera sentimientos, como si fuese una muñeca fea.
Deelan sabía que nada que dijera haría sentir mejor a la pequeña. Miró a Forat que siempre tenía una forma de apoyar a las personas. El joven de la cicatriz en el ojo de hecho sabía lo que se tenía que decir.
--Pequeña, no son tus ojos o tu cabello lo que determinan lo que eres. No son tus aptitudes físicas o tus debilidades médicas las que definen tu ser.
--Gracias señor pero lo he escuchado mil veces, es mi interior lo que realmente vale la pena. -- La pequeña interrumpió a Forat
El joven héroe había sido callado de golpe, parecía que en efecto no había nada para decir a la pequeñita. Lagrimas comenzaron a correr por las mejillas de la niña, al mirar esto algo dentro de Deelan despertó. De pronto no podía soportar el llorar de la pequeña, de pronto el dolor de la niña era el dolor de la ojiverde. Y así, en una reacción natural ante la situación, Deelan tomó de los hombros a la niñita con una mano, con la otra limpió las lágrimas en sus mejillas.
-- Mira mis ojos pequeña. Yo también soy diferente, soy inexistente para las personas y no importa lo mucho que me esfuerce, no puedo destacar para ellas. De mí no se burlan, de mí no se ríen pero es esa indiferencia, esa total ignorancia de mi existencia la que me lastima. No somos iguales pero te comprendo.
La pequeña se sintió identificada con las palabras de la ojiverde. Una empatía asombrosa se construyó en apenas unos segundos, la niñita abrazó fuertemente a Deelan. Ella le devolvió el gesto de amor.
--Si me dices que todo va a estar bien, yo lo creeré -- La ojiverde dijo al oído de la pequeña.
--Todo va a estar bien.-- la niñita respondió.
Deelan había logrado calmar el dolor de la pequeña mujercita. Con mucha alegría se despidió de ella y prometió visitarla pronto. Forat, que cuando notó la unión natural que existía entre las dos chicas se alejó un poco, sonreía ampliamente pues la ojiverde pudo superar su propio dolor al ayudar a la niña.
Justo cuando se marchaban, Deelan volteó a mirar a la niñita. Entre tantas lagrimas y palabras de aliento, no habían dicho sus nombres. Obviamente la ojiverde quería saber el nombre de la única persona que podía verle y escucharle así que con ternura se lo preguntó a la niña.
Corela, Corela Batch-- respondió la pequeña.
-- ¿Pero por qué yo no recuerdo mi pasado? -- preguntó la ojiverde.
-- Como inexistentes tenemos algunas peculiaridades. Nuestra cuerpo se aferra a este mundo, aún sin un alma, con tan solo el poder de nuestra mente pero claro no es capaz de conservar nuestras memorias. Lo único que retenemos es aquel sentimiento que nos obligó a permanecer en esta vida.
Deelan miró al suelo y soltó un triste suspiro. No sabía cómo se convirtió en una inexistente, ni siquiera sabía el motivo por el cual seguía en la tierra. Era más que evidente que se encontraba confundida y desmotivada. Forat, siendo un héroe intentó apoyar a la chica, en un puño tomó unas rocas y comenzó a lanzarlas una a una en el lago donde se encontraban.
-- "Infinito es en misterio el deseo de la Diosa, anhelamos con devoción el don de la vida y rehuimos al destino inevitable que se nos ha impuesto, el alma errante no conoce descanso."-- Forat exclamó
Con una pequeña sonrisa Deelan reconoció el extracto del poema que recitaba Forat, de alguna forma le animó. Sabía que las bellas palabras escritas por Genesis hablaban sobre el hombre y su destino, sobre la ignorancia que tenemos sobre el mismo. La ojiverde se sintió un poco menos perdida.
A lo lejos se escucharon unas risas, no de las amables que se comparten entre amigos sino de las hirientes que solo nuestros enemigos disfrutan. Deelan y Forat corrieron al origen del sonido, encontraron una niña llorando cerca de una árbol, enfrente un grupo de niños, no mayores a 13 años, todos señalando y burlándose de la pobre e indefensa señorita.
Deelan intentó aplacar las burlas de los niños pero nadie le escuchó. Terminaron por marcharse por su cuenta una vez que se habían aburrido de burlase de la niña. La ojiverde se sintió impotente, no había podido ayudar a la pequeña mujercita, una vez más su nueva condición la hacía a un lado, la volvía invisible.
--Los niños jamás paran, ni siquiera si los adultos se lo piden pero muchas gracias de todos modos señorita. -- La pequeña niña entre sollozos dijo a Deelan.
-- ¿Acaso puedes verme? ¿Tú puedes verme y escucharme? -- La ojiverde preguntó con mucha incredulidad
-- Por supuesto señorita. Es usted muy bella para no ser notada.Y con esa rubia cabellera me causa tanta envidia.
Deelan se alegró de sobremanera. Alguien en este mundo podía verle, alguien que no era inexistente como ella. Después recordó algunas explicaciones de Forat sobre las personas con suficiente magia para notar lo que parecía oculto.
--¿Por qué te molestaban pequeña? -- Forat preguntó a la niña
--Siempre es igual, sabe señor, no soy una persona común. Nací de manera natural sin ningún tratamiento genético; soy una imperfecta. Por eso los chicos me molestan, por que mi cabello y mis ojos me delatan; solo por que no soy como los demás.
En efecto, el cabello de la niña, color marrón oscuro, no poseía el brillo característico del grueso de la población, sus ojos negros eran muy raros en una sociedad donde colores como el morado y el azul eran los dominantes.
La niña era diferente, Deelan ya lo sabía pues podía verla a ella y a Forat, sin embargo esto no alegraba a la jovencita. Durante toda su vida había recibido agresiones de las personas que conocía, le trataban como si fuera un objeto de diversión, como si no tuviera sentimientos, como si fuese una muñeca fea.
Deelan sabía que nada que dijera haría sentir mejor a la pequeña. Miró a Forat que siempre tenía una forma de apoyar a las personas. El joven de la cicatriz en el ojo de hecho sabía lo que se tenía que decir.
--Pequeña, no son tus ojos o tu cabello lo que determinan lo que eres. No son tus aptitudes físicas o tus debilidades médicas las que definen tu ser.
--Gracias señor pero lo he escuchado mil veces, es mi interior lo que realmente vale la pena. -- La pequeña interrumpió a Forat
El joven héroe había sido callado de golpe, parecía que en efecto no había nada para decir a la pequeñita. Lagrimas comenzaron a correr por las mejillas de la niña, al mirar esto algo dentro de Deelan despertó. De pronto no podía soportar el llorar de la pequeña, de pronto el dolor de la niña era el dolor de la ojiverde. Y así, en una reacción natural ante la situación, Deelan tomó de los hombros a la niñita con una mano, con la otra limpió las lágrimas en sus mejillas.
-- Mira mis ojos pequeña. Yo también soy diferente, soy inexistente para las personas y no importa lo mucho que me esfuerce, no puedo destacar para ellas. De mí no se burlan, de mí no se ríen pero es esa indiferencia, esa total ignorancia de mi existencia la que me lastima. No somos iguales pero te comprendo.
La pequeña se sintió identificada con las palabras de la ojiverde. Una empatía asombrosa se construyó en apenas unos segundos, la niñita abrazó fuertemente a Deelan. Ella le devolvió el gesto de amor.
--Si me dices que todo va a estar bien, yo lo creeré -- La ojiverde dijo al oído de la pequeña.
--Todo va a estar bien.-- la niñita respondió.
Deelan había logrado calmar el dolor de la pequeña mujercita. Con mucha alegría se despidió de ella y prometió visitarla pronto. Forat, que cuando notó la unión natural que existía entre las dos chicas se alejó un poco, sonreía ampliamente pues la ojiverde pudo superar su propio dolor al ayudar a la niña.
Justo cuando se marchaban, Deelan volteó a mirar a la niñita. Entre tantas lagrimas y palabras de aliento, no habían dicho sus nombres. Obviamente la ojiverde quería saber el nombre de la única persona que podía verle y escucharle así que con ternura se lo preguntó a la niña.
Corela, Corela Batch-- respondió la pequeña.
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