La fuerza del colosal hurnaes era inmensurable, imparable, increíble. Con grandes púas que sobresalían de su espalda y una cola que terminaba en un mazo de bola, el hurnaes con forma de dragón destruía todo a su paso. Las personas normales pensaban que se trataba de un ataque terrorista mas Deelan sabía que no era así.
--No puedo culpar a nadie más. La razón soy yo. Todo lo que esta sucediendo lo he causado yo -- Deelan pensó
El dragón hurnaes arremetía con ira y odio en contra de la ojiverde, con cada zarpazo de sus garras intentando destruirla. Deelan evitaba cada uno de los ataques de su agresor. Cuando el dragón atacaba con su cola Deelan saltaba alto, cuando lanzaba fuego se escudaba tras de automóviles, sin embargo la batalla era eficiente para uno solo y por desgracia ese era el hurnaes.
Pronto se halló acorralada en medio de un callejón donde la única salida era enfrentar a la bestia pero ¿Qué podía hacer Deelan contra el poderoso dragón cuando ni siquiera era capaz de invocar su arma?
--Me lo dijiste mil veces, no se como lo pude olvidar. Nuestra fuerza radica en la mente, la concentración es la manera de dominar los impulsos y enfocar nuestro verdadero poder. Tengo miedo, por eso me es imposible concentrarme, por eso sé que moriré, si tan solo no te hubieses marchado.
Lo recordaba todo con una claridad asombrosa. Forat se encontraba frente a ella, con el mismo discurso que había pasado por la mente de la ojiverde. Todo el ejercicio se trataba de concentración. Era la clave para invocar su arma, era la clave para sobrevivir.
El héroe de la cicatriz en el ojo se lo advirtió en incontables ocasiones. Si ella no era capaz de mantener la calma, si no podía limpiar su mente de todo pensamiento y enfocarse exclusivamente en su energía, si le era imposible, moriría.
Y lo practicaron durante semanas, tal vez un par de meses después llegó el tiempo de culminar los entrenamientos, llegó el momento de invocar su arma.
--Ahora que puedes sentir la energía fluir en tu cuerpo, debes transformarla, moldearla en el objeto que te representa, el objeto que hará de ti una guerrera. -- dijo Forat.
Deelan tenía los ojos cerrados pero podía ver una especie de ríos que corrían dentro de su cuerpo emanando desde su corazón. Tomó unos cuantos y los transportó a su mano. Recordó las palabras de Forat y se concentró fuertemente en aquel objeto que la representaría. Cuando tuvo la imagen en su mente moldeo los ríos de energía en su mano y forjó lo que sería para siempre su armamento.
Un bastón de porrista, Deelan forjó un bastón de porrista. La ojiverde no lo podía creer, de todos los objetos posibles su mente escogió un vil bastón que se utiliza para animar en eventos deportivos. ¿Era acaso una cruel broma del destino o el significado detrás del simbolismo era muy complicado de entender?
Con un coletazo certero el hurnaes dragón interrumpió los pensamientos de la ojiverde. El mazo cola golpeó a Deelan por la espalda empujándola con brusquedad hacia la bestia, no tuvo otra opción que atacar. Un fuerte puñetazo bastó para mandar a volar al hurnaes.
--Por lo menos mantengo la concentración necesaria para preservar mi fuerza-- Deelan pensó.
El dragón fue a estrellarse a un edificio cercano, el cual cayó destrozado sobre el hurnaes. No pasó mucho tiempo antes de que la bestia se levantara nuevamente. Con incluso más ira que al principio de la batalla, lanzó una columna de fuego desde su boca alcanzando a lastimar a la ojiverde.
Cuando se repuso del golpe, Deelan logró observar al gran dragón en los cielos preparándose para la estocada final. Con rapidez se abalanzó en contra de la chica que en sus últimos momentos solo pudo pensar en Forat.
--Alejate de mí-- le dijo ella a él -- no me importa si estas orgulloso, no me importa si crees entenderme, no lo haces. Tú tienes tu espada, tú tienes tu entrenamiento especial, tú eres un guerrero. Yo soy solo una chica común y corriente, no pedí estar en esta situación, no pedí esta habilidad en mis ojos, no pedí conocerte.
Forat intentó consolarla pero la ojiverde lo alejó con tanta fuerza y determinación que le fue imposible. El joven héroe al final se rindió.
--Vete, no quiero verte más. Parte lejos de mi vista que yo estoy bien por mi cuenta. Yo estoy bien sola-- fueron las últimas palabras de Deelan para Forat.
El dragon hurnaes abrió su boca adornada por mil colmillos relucientes. La ojiverde no podía moverse. Una lágrima recorrió su mejilla izquierda, todo terminaría pronto.
La bestia no pudo cerrar su hocico. Forat, que había aparecido de la nada, detuvo la gran mordida que intentaba alcanzar a Deelan. Un par de colmillos lograban atravesar el pecho del joven de la cicatriz en el ojo, sin embargo él no retrocedió ni un milímetro. Desde lo profundo de las fauces del dragón, una flama se alzó, con un color azulado desterró las dudas que abordaban a la ojiverde y con un gentil y cálido rojo disipó el miedo del cual era presa.
--Hazlo Deelan-- dijo el héroe a la chica
Deelan se levantó y asintió con la cabeza. Tomó un fuerte respiro y cerró sus ojos verdes para concentrarse. Miró los ríos dentro de su cuerpo, los tomó y se volvió uno con ellos. Invocó su bastón.
De un solo golpe destrozó la cabeza al dragón. Los restos del hurnaes se desvanecieron como polvo en el viento y el centro de la bestia, que consistía en fuerza vital pura, pasó a formar parte de los dos inexistentes.
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