7.4.12

El Lloriqueo Relámpago

El veloz hurnaes saltaba entre las paredes de los edificios mientras atacaba por detrás a los inexistentes. Ni Forat ni Deelan eran capaces de hacerle frente. La velocidad del mismo lo hacía prácticamente invisible, intocable.

Forat lanzaba bolas de fuego apenas sentía el viento soplar. Deelan por su parte golpeaba los edificios esperando que parte de los escombros que lograba tirar cayeran sobre el hurnaes. Era ventajoso que estuviesen en un área de demolición.

A pesar de los intentos ninguna táctica surtía efecto, la bestia jugaba con los inexistentes de la misma forma que un niño molesta abejas. No parecía haber solución alguna. Forat dijo a la ojiverde que se alejara, su plan, realizar la supernova.

Ese movimiento ya lo conocía Deelan, jamás lo había visto pero sabía que era devastador. Él héroe debía aprovechar el oxígeno del ambiente para crear una poderosa pero controlada combustión, no importaba qué tan rápido fuera el hurnaes, sería imposible escapar.

La técnica también representaba mucho desgaste de fuerza vital, siendo esta la principal gasolina para los inexistentes, se podía decir que la estrategia comprendía riesgo de muerte. Deelan sabía esto y no quería  que Forat  utilizara el movimiento. Ella también sabía que la velocidad del hurnaes podía ser alcanzada y superada; y sabía que ella podía hacerlo.

Sin consultarlo concentró toda su fuerza vital y visualizando su propia imagen, comenzó a correr. Su cuerpo se volvió ligero, poco a poco ganó aceleración,velocidad, fuerza. Pudo de pronto ver al hurnaes moverse, vio como su velocidad se volvía menor hasta que se congelo en el espacio, dejando de moverse por completo.

De un fuerte golpe la ojiverde le destrozó la quijada. La temible bestia estaba acabada pero esta vez no se desvaneció como polvo, de hecho, se quedó inmóvil, a mitad del aire pero sin quijada. Deelan miró a su alrededor,  todo parecía estar detenido, suspendido, pausado.

15.3.12

Resplandor

La ciudad de Humbug era apacible, la rutina diaria mantenía a sus habitantes ocupados, los niños en las escuelas y los padres en los empleos. En el parque no había ni un alma, sólo se encontraban el par de inexistentes comenzando la mañana.

Deelan admiraba los arboles y las pequeñas ardillas que los habitaban. Forat como siempre se sentaba lejos e indiferente a sus alrededores. La ojiverde tomó unas cuantas hojas del suelo y con gran sigilo se acercó a Forat, cuando estuvo muy cerca y sin que él la notara, Deelan arrojó todas las hojas en la cabeza del chico.

--No puedo creer que el gran rojo, guerrero invencible experto del zen, haya perdido ante mi ataque -- Entre risas dijo Deelan

Forat, que a pesar de las hojas en su cabeza no abrió los ojos, se limitó a sonreír tímidamente. Levantó su mano derecha apuntando a la ojiverde y con un pequeño movimiento de su muñeca generó unas chispas de fuego. La sorpresa fue tal para Deelan que caminó para atrás unos pasos, tropezando y cayendo sobre una pila de hojas que habían barrido con anterioridad.

La ojiverde no podía creer lo que veía, Forat le había jugado una pequeña broma, el hombre que siempre estaba serio y en paz, que no hablaba más que de justicia y heroísmo, le había engañado con unas chispas de fuego para caer en las hojas. Deelan rió fuertemente pues no se lo esperaba.

Forat entonces abrió los ojos y con una amplia sonrisa en el rostro dijo -- (H)ojea bien el área Deelan ¿Comprendes? (H)ojea...

Al principio pareció no tener efecto pero el chiste simplón del héroe fue suficientemente tonto para arrancarle a Deelan una risa aún mayor. La ojiverde no podía contener las carcajadas, que se debían más a la inusual conducta de Forat que a su gran desempeño como comediante.

8.2.12

Como una pared más

La sangre estaba por todos lados, el cuerpo de Zoeey colgaba de la camilla. Sus ojos habían perdido el brillo y su sonrisa ya no existía más.Su estomago estaba partido por la mitad, su interior estaba vacío, no había ni un órgano ni ninguna cosa que ocupara espacio. Le llamé en múltiples ocasiones, la tomé del cuello y la agité para que despertase. Nada funcionaba.

Seguías inconsciente en el suelo, yo me sentía indefensa. Recuerdo que di unos pasos atrás, todo era tan aterrador, pensé que estabas muerto también. Ya no pude contenerme y al final lloré como nunca antes lo había hecho.

Temblaba, tuve tanto miedo, tuve tanto pavor. Olvidé mi calma y olvidé mi concentración. Todo en mi mente era dolor y tristeza. Quise llamarte pero no respondiste, eras como una piedra, como un costal, como una pared más del laboratorio.

Ya no podía, ya no podía más, tenía tanto miedo. Ya no me acerqué ni a ti ni a Zoeey, me fui a un rincón a llorar, a gritar, a desesperarme sola. No se me ocurrió nada más.

Tú habías dicho que me protegerías, que me ayudarías, que siempre estarías a mi lado pero me abandonaste, me dejaste sola, me ibas a dejar morir. No eres un héroe, eres un irresponsable. Tú me llevaste con ese sujeto, tú me llevaste a esa casa y permitiste que me atrapara.

Pero estabas muerto y no te podía reclamar, estabas en el suelo carente de cualquier signo vital. Yo estaba sola, estaba llorando, estaba triste, estaba aterrada. Lloré y lloré y en algún momento ya no podía más. Mis ojos me dolían y las lágrimas ya no salían pero no me sentí mejor.

Fue cuando despertaste lentamente, sin saber nada de lo que había pasado. Quise reclamarte lo admito, quise lastimarte por el dolor que sentía; al final fue el mismo dolor que me hizo correr a tus brazos. Las lágrimas que ya no salían volvieron y mis temblores se agudizaron. Sin embargo hubo algo en tu calor, algo que no sentí cuando estabas inconsciente, algo que me hizo sentir mejor.

Limpiaste mis ojos y acariciaste mis mejillas. De un vistazo notaste que el lugar no era bueno y me ayudaste a salir. No se cuanto caminamos ni hasta donde pues lo importante es que ya no estábamos en ese laboratorio. Estoy segura que nunca tuviste miedo, que siempre conservaste la calma, que jamás te desmoronaste como yo.

Recuerdo que dijiste "no pude responderte pero estaba ahí". Una parte de mí se alegró de escucharlo, de saber que hacías el esfuerzo de despertar y ayudarme, de saber que me apoyabas. Había olvidado el enojo que tenía contra ti. Recuerdo que no dejé de abrazarte en ningún momento.

Aún lloraba y aún temblaba, mi mente no podía reponerse del impacto de ver a la pequeña Zoeey ahí, muerta y abierta por el estomago, sin nada en su interior. Aún temía por mi vida, no me sentía segura.

Me diste un abrazo más y después me tomaste de la barbilla, miré tus ojos, detrás de esa cicatriz que adorna tu rostro y lo hiciste. Me diste a entender que lo lamentabas, que todo era tu culpa, que fuiste irresponsable, que fuiste el malo de la historia pero al mismo tiempo lo supe, supe que no dejarías que sucediera otra vez.

Esta vez yo limpié mis ojos y acaricié mis mejillas. Me quite el cabello del rostro y alejándome muy poco de ti, te perdone.

Ok, estaré bien.

5.2.12

No te salves

--¿Es esta la ciudad de Humbug verdad?-- la ojiverde preguntó mientras recorría con su mirada todos los edificios cercanos.

--Hay alguien a quien debemos ver, quizás él sea capaz de ayudarte-- Forat respondió

--¿Ayudarme?

--Si Deelan, remediar tu condición de inexistente.

La ojiverde dejó de admirar el paisaje de Humbug, se acercó a Forat olvidando el espacio personal y con sus bellos y atrayentes ojos lo miró directo al rostro -- ¿Por qué debes tomarte todo tan en serio? -- preguntó la rubia.

Forat, que al tener a Deelan tan cerca de él no podía pensar con claridad, se limitó a tragar saliva y sonrojarse, como en muchas otras ocasiones del pasado. El joven de la cicatriz en el ojo no fue capaz de soportar la mirada de la ojiverde y con rapidez apartó su vista de la chica; tomó su mano con fuerza y comenzó a  guiarle por las calles de Humbug.

La pareja de inexistentes pronto llegó a una gran mansión en el mejor sector de la ciudad, tan grande que podrían caber 500 personas con facilidad y aún restaría espacio,  estaba toda hecha de madera sintética pero eso no la hacía menos hermosa. Una pequeña niña y su mascota jugaban en el enorme patio delantero junto a unas orquídeas coloridas; comenzaba la época del Otoño y era raro ver flores con tanta vida.

La ojiverde, sabiendo que era invisible para todas las personas, se acercó a las orquídeas para admirarlas. Las flores eran tan bellas y raras, no había en todo el jardín otras similares, de hecho, todo en el jardín había ya perdido su color, incluso las hojas de los arboles se habían tornado cafés, tan solo restaban estas orquídeas, que se aferraban a su vida lo más que podían.

--Disfruto de mi soledad en silencio por que el ruido del mundo me recuerda que soy humano. Pese a esto he nacido para seguir otro camino, no el del hombre sino del guerrero, y he de recorrerlo solo. He enfrentado a la muerte en múltiples momentos y aunque sé que no siempre saldré victorioso, no habrá ocasión en que me tome desprevenido, siempre daré mi mejor pelea, siempre me aferraré a lo único que tiene un valor verdadero, mi vida.-- Forat recitó de memoria

Deelan ya había escuchado el poema con anterioridad, se trataba de una vieja entrada en el diario de un gran guerrero de tiempos antiguos. Las palabras encajaban perfectamente con la situación, la ojiverde tomó del brazo a Forat y recargando su cabeza en su hombro siguió apreciando la belleza de las orquídeas coloridas.

--¡Myles mira! Ellos brillan desde el centro-- la pequeña dijo

--Tú debes ser Zoeey-- Forat dijo a la niña