8.2.12

Como una pared más

La sangre estaba por todos lados, el cuerpo de Zoeey colgaba de la camilla. Sus ojos habían perdido el brillo y su sonrisa ya no existía más.Su estomago estaba partido por la mitad, su interior estaba vacío, no había ni un órgano ni ninguna cosa que ocupara espacio. Le llamé en múltiples ocasiones, la tomé del cuello y la agité para que despertase. Nada funcionaba.

Seguías inconsciente en el suelo, yo me sentía indefensa. Recuerdo que di unos pasos atrás, todo era tan aterrador, pensé que estabas muerto también. Ya no pude contenerme y al final lloré como nunca antes lo había hecho.

Temblaba, tuve tanto miedo, tuve tanto pavor. Olvidé mi calma y olvidé mi concentración. Todo en mi mente era dolor y tristeza. Quise llamarte pero no respondiste, eras como una piedra, como un costal, como una pared más del laboratorio.

Ya no podía, ya no podía más, tenía tanto miedo. Ya no me acerqué ni a ti ni a Zoeey, me fui a un rincón a llorar, a gritar, a desesperarme sola. No se me ocurrió nada más.

Tú habías dicho que me protegerías, que me ayudarías, que siempre estarías a mi lado pero me abandonaste, me dejaste sola, me ibas a dejar morir. No eres un héroe, eres un irresponsable. Tú me llevaste con ese sujeto, tú me llevaste a esa casa y permitiste que me atrapara.

Pero estabas muerto y no te podía reclamar, estabas en el suelo carente de cualquier signo vital. Yo estaba sola, estaba llorando, estaba triste, estaba aterrada. Lloré y lloré y en algún momento ya no podía más. Mis ojos me dolían y las lágrimas ya no salían pero no me sentí mejor.

Fue cuando despertaste lentamente, sin saber nada de lo que había pasado. Quise reclamarte lo admito, quise lastimarte por el dolor que sentía; al final fue el mismo dolor que me hizo correr a tus brazos. Las lágrimas que ya no salían volvieron y mis temblores se agudizaron. Sin embargo hubo algo en tu calor, algo que no sentí cuando estabas inconsciente, algo que me hizo sentir mejor.

Limpiaste mis ojos y acariciaste mis mejillas. De un vistazo notaste que el lugar no era bueno y me ayudaste a salir. No se cuanto caminamos ni hasta donde pues lo importante es que ya no estábamos en ese laboratorio. Estoy segura que nunca tuviste miedo, que siempre conservaste la calma, que jamás te desmoronaste como yo.

Recuerdo que dijiste "no pude responderte pero estaba ahí". Una parte de mí se alegró de escucharlo, de saber que hacías el esfuerzo de despertar y ayudarme, de saber que me apoyabas. Había olvidado el enojo que tenía contra ti. Recuerdo que no dejé de abrazarte en ningún momento.

Aún lloraba y aún temblaba, mi mente no podía reponerse del impacto de ver a la pequeña Zoeey ahí, muerta y abierta por el estomago, sin nada en su interior. Aún temía por mi vida, no me sentía segura.

Me diste un abrazo más y después me tomaste de la barbilla, miré tus ojos, detrás de esa cicatriz que adorna tu rostro y lo hiciste. Me diste a entender que lo lamentabas, que todo era tu culpa, que fuiste irresponsable, que fuiste el malo de la historia pero al mismo tiempo lo supe, supe que no dejarías que sucediera otra vez.

Esta vez yo limpié mis ojos y acaricié mis mejillas. Me quite el cabello del rostro y alejándome muy poco de ti, te perdone.

Ok, estaré bien.

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