--Batch; Aldeeran Batch ¿Se encuentra presente Aldeeran Batch?-- La profesora preguntó un par de veces antes de asentar una A+ en la lista de su tableta táctil.
--¡No puedo creer que tengamos que faltar a clases Dee!
--No lo estaríamos haciendo si todas ustedes fueran menos flojas y se comprometieran más con el torneo.--Deelan regañaba a su equipo de basquetbol en lo que parecía ser un entrenamiento en una cancha semi profesional de universidad.
--Capitana, llevamos toda la mañana aquí ¿Podríamos descansar unos momentos?--Una de las chicas preguntó con una combinación de valor y temor al mismo tiempo.
Deelan miró a todo su equipo, sudando y respirando tan rápido, se encontraban practicando desde las 6:00 am y no habían descansado para nada. Ella miró su reloj digital el cual marcaba las 10:20, ni un minuto más ni un minuto menos, después miró a la chica que preguntó por el descanso,Deelan clavó sus ojos verdes en los de la chica, que ya se preparaba para el castigo que le seguiría, y dijo--Bien, de todas formas aunque practiquemos 24 horas seguidas de nada serviría si llegan acabadas al partido.
Deelan cambió su ceño fruncido por una gran sonrisa y exclamó con mucha alegría--Niñas, hemos terminado por hoy, vayan a descansar que mañana nos espera otro gran entrenamiento... quizás más largo que hoy.
El equipo femenil suspiró, no sabían si alegrarse o preocuparse, al final todas las chicas se repusieron un poco de su cansancio y se retiraron a las duchas, solo quedó Deelan que practicaba aún sus tiros de tres puntos.
--Deberías descansar. Después de todo en menos de una hora comenzará el entrenamiento de las porristas--Un joven apuesto entró a la cancha cargando material deportivo en las manos. La ojiverde lo miró de reojo y omitió su presencia.
--Las personas bellas, como tú y yo, no debemos esforzarnos tanto. Es suficiente con sonreir y guiñar un ojo para tener al mundo a nuestros pies, ya deberías saberlo Dee.
La hermosa capitana miró al joven apuesto y colocó con gran agresividad y fuerza el balón en el pecho del chico. -- Alguien debe darle un triunfo a esta escuela Kobee además, no es como si fueras tan extraordinario para que con una sonrisa tuya bastase.
Kobee se sorprendió por la respuesta de la ojiverde. Ella simplemente sonrió y le guiño un ojo. A pesar del enojo del muchacho, la belleza de la chica había eliminado cualquier reclamo por parte de él. Después de todo Deelan si era capaz de salirse con la suya sonriendo.
Minutos más tarde, Deelan se encontraba en las áreas verdes de la universidad. Su equipo de porristas, del cual también era la capitana, estaba practicando rutinas sencillas sin pirámides ni lanzamientos al mando de la subcapitana. Deelan estaba muy agotada para llevar el curso del entrenamiento.
La ojiverde se acercó a los bebederos para rellenar su botella de cristalina agua purificada. Una vez llena, Deelan se sentó en una solitaria banca al otro lado del parque.
--Hace demasiado calor para usar esa enorme capucha, sin mencionar que llama demasiado la atención.-- Deelan dijo.
Un misterioso sujeto estaba sentado a su derecha, llevaba puesta una gabardina negra con capucha que cubría su rostro. El hombre se mostró sorprendido ante las palabras de la jovencita sin embargo, no dijo ni una sola palabra.
--Normalmente no me interesa conocer personas e incluso aunque es tan evidente que quieres guardar tu identidad para ti mismo, me siento impulsada a preguntar ¿Quién eres? -- La ojiverde cuestionó al muchacho mientras guiñaba un ojo y sonreía, emulando su anterior victoria con Kobee.
El hombre con la gabardina no respondió.
De pronto un fuerte grito se escuchó. Una de las porristas se había desmayado súbitamente. Deelan se levantó de la banca para regañar a su equipo pero sus gritos se ahogaron antes de salir de la garganta. Frente a ella se encontraba una bestia, mitad león y mitad monstruo, con enormes colmillos que yacían fuera de su hocico y con un par de huecos donde los ojos debían residir.
La bestia tensó sus extremidades delanteras y reveló tres grandes garras. Con un gran impulso saltó en contra de Deelan, la ojiverde levantó sus brazos más como un reflejo que como protección. Una espada atravesó el hocico de la bestia hasta llegar a su cráneo.
La gabardina negra volaba por los cielos mientras desenmascaraba la identidad del hombre. Un joven no mayor a Deelan sostenía la espada con la que salvó la vida de la joven mujer. El cuerpo de la bestia perdió toda compostura y se fragmentó con el viento. Las partículas del monstruo volaron en dirección del joven héroe como si de un imán se tratase y en un pequeño y breve espectáculo de luces se fusionaron con el cuerpo del chico.
Todo sucedió en un instante. Entre la confusión y el miedo, Deelan apenas y pudo observar el rostro de su salvador, una cicatriz adornaba su ojo izquierdo. La bella ojiverde se desmayó.
La ojiverde se acercó a los bebederos para rellenar su botella de cristalina agua purificada. Una vez llena, Deelan se sentó en una solitaria banca al otro lado del parque.
--Hace demasiado calor para usar esa enorme capucha, sin mencionar que llama demasiado la atención.-- Deelan dijo.
Un misterioso sujeto estaba sentado a su derecha, llevaba puesta una gabardina negra con capucha que cubría su rostro. El hombre se mostró sorprendido ante las palabras de la jovencita sin embargo, no dijo ni una sola palabra.
--Normalmente no me interesa conocer personas e incluso aunque es tan evidente que quieres guardar tu identidad para ti mismo, me siento impulsada a preguntar ¿Quién eres? -- La ojiverde cuestionó al muchacho mientras guiñaba un ojo y sonreía, emulando su anterior victoria con Kobee.
El hombre con la gabardina no respondió.
De pronto un fuerte grito se escuchó. Una de las porristas se había desmayado súbitamente. Deelan se levantó de la banca para regañar a su equipo pero sus gritos se ahogaron antes de salir de la garganta. Frente a ella se encontraba una bestia, mitad león y mitad monstruo, con enormes colmillos que yacían fuera de su hocico y con un par de huecos donde los ojos debían residir.
La bestia tensó sus extremidades delanteras y reveló tres grandes garras. Con un gran impulso saltó en contra de Deelan, la ojiverde levantó sus brazos más como un reflejo que como protección. Una espada atravesó el hocico de la bestia hasta llegar a su cráneo.
La gabardina negra volaba por los cielos mientras desenmascaraba la identidad del hombre. Un joven no mayor a Deelan sostenía la espada con la que salvó la vida de la joven mujer. El cuerpo de la bestia perdió toda compostura y se fragmentó con el viento. Las partículas del monstruo volaron en dirección del joven héroe como si de un imán se tratase y en un pequeño y breve espectáculo de luces se fusionaron con el cuerpo del chico.
Todo sucedió en un instante. Entre la confusión y el miedo, Deelan apenas y pudo observar el rostro de su salvador, una cicatriz adornaba su ojo izquierdo. La bella ojiverde se desmayó.
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